Nana, nanita.
Madre, me ha pinchado
una espinita.
Sana que sana,
para que no duela,
canto mi nana.
Ea la ea.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
martes, 3 de diciembre de 2013
del otro
Somos en el otro objetos fabulosos
dramatis personae hurtados de autoría
insólitas historias en donde ser contados
una tupida red tejida de pasajes
de citas de poemas y esbozos de retratos
donde somos volcados con violencia de signos
sin permiso elegimos inventarnos un rostro
invocar un nosotros imponer un destino
reclamar la clemencia de la razón poética
hemos sido ya tantos sin haberlo pedido
que apenas esperamos una línea de fuga
dame el aire el amante si de verdad estimas
la libertad la llama la suavidad el ángel.
dramatis personae hurtados de autoría
insólitas historias en donde ser contados
una tupida red tejida de pasajes
de citas de poemas y esbozos de retratos
donde somos volcados con violencia de signos
sin permiso elegimos inventarnos un rostro
invocar un nosotros imponer un destino
reclamar la clemencia de la razón poética
hemos sido ya tantos sin haberlo pedido
que apenas esperamos una línea de fuga
dame el aire el amante si de verdad estimas
la libertad la llama la suavidad el ángel.
lunes, 2 de diciembre de 2013
El ciervo
lunes, 25 de noviembre de 2013
Cancion del management
Canción del management que amaneció un día
las torrres del Nasdaq los organigramas
ejecutivos con alfileres mariposas disecadas
recorren los pasillos silenciosos de las bolsas
con sus hermosos gráficos sus cuerpos juveniles
sus cálculos precisos e imposibles.
Canción del management de las floristas que ya no
existen
las mujeres presiden elegantes y firmes los consejos imberbes
firman órdenes terribles papeles timbrados con
delicadeza
y sus ojos inventan los grandes ventanalessin darle tregua al tiempo ni a la nostalgia.
martes, 19 de noviembre de 2013
Ciclotimia
De la alegría por perderlo todo,
a la tristeza por recuperarlo.
La razón tiene pasiones
que el corazón no entiende.
a la tristeza por recuperarlo.
La razón tiene pasiones
que el corazón no entiende.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Junkia
El ángel de la basura, en los contenedores,
busca zapatos viejos, trapos con que vestir
el hambre de su familia.
Madrid de alcantarillas y falsos palacetes,
de pequeños rascacielos y luces incandescentes,
arrojas a la basura el hambre de tus hijos.
Los demagogos recitan estúpidas cantinelas en la alcaldía,
pero es tarde ya, ya es muy tarde,
las basuras acumulan retratos de familia y cerámicas rotas.
El ángel de los artistas, harapiento y bello, llora lágrimas postmodernas,
con los restos de la hecatombe compone pequeñas piezas
busca zapatos viejos, trapos con que vestir
el hambre de su familia.
Madrid de alcantarillas y falsos palacetes,
de pequeños rascacielos y luces incandescentes,
arrojas a la basura el hambre de tus hijos.
Los demagogos recitan estúpidas cantinelas en la alcaldía,
pero es tarde ya, ya es muy tarde,
las basuras acumulan retratos de familia y cerámicas rotas.
El ángel de los artistas, harapiento y bello, llora lágrimas postmodernas,
con los restos de la hecatombe compone pequeñas piezas
donde anidar los pájaros de la mañana
sus vestidos de fiesta.
Fragmentos de un poema de Lorca escrito por Rafael Alberti
legajo ref. 3S10M0/2
Fragmentos de un poema de Lorca escrito por Rafael Alberti
legajo ref. 3S10M0/2
domingo, 27 de octubre de 2013
Peces
La pecera es la metáfora de un mundo prisionero, encerrado en la jaula temible del cristal y la falta de aire. Mas los peces, nada saben. Los miramos en un lento ir y venir cansado, un suave desplazamiento sin objeto, mantenerse junto al grupo, o encontrar el rincón donde posarse y no hacer nada, vestidos de silencio en su espera de ermitaño.
Es bello el movimiento repetido de los peces, el agua que invisible se abre al paso aerodinámico de sus cuerpos, de sus aletas sencillas.
Delante de una pecera, sentimos una fascinación callada, respiramos con quietud, como peces que reencuentran su medio natural, perdido para siempre en la osadía del anfibio.
La tristeza prisionera de los peces es una conclusión apresurada. Ellos mismos nos contemplan sin asombro, se deslizan con nosotros en una danza ancestral de la cual participamos, separados por el delgado cristal que a nadie importa y en realidad no existe.
Sumergidos en nuestra pecera de aire, también nosotros recorremos los pasillos inmensos, las salas de exposiciones, los soberbios edificios de la ciencia. Nuestras voces dicen poco, no más que la rutina repetida de las ágoras, y jugamos al encuentro y el saludo, a la danza inesperada y el agradable calor de los cuerpos que se acercan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



