martes, 27 de octubre de 2015

Laberinto

Podría perderme en el mar proceloso y atlántico
en el viento que ondea la hierba y los campanarios
podría perderme en la mueca de un retrato indescifrable
en las ondulaciones del terreno infinitas y suaves
podría perderme en el objeto de un poema
en el ritmo las pausas la palabra el silencio
podría perderme en mi propio desvarío
en el sueño comienzo locura imposible de nuevo
pero vuelvo al mismo sitio catatónico y absurdo
donde Séneca escribe sentencias y testamentos.

Borges - El ideal es el laberinto psicológico: el fundado (digamos) en la creciente divergencia de dos caminos que el explorador, o la víctima, supone paralelos.



Jóvenes

El camino de las tres en punto de la tarde
los días de sol bajo los plátanos
contando las pisadas
charlando en amistosa compañía
cuando no sabíamos hacia dónde
y apenas nos amábamos
sólo por ser cada uno
el otro que crecía a nuestro lado
y siempre había algo que nos hacía
reír o llorar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Sin rostro

La enigmática máscara de mademoiselle d’Avignon
la espalda arquitectura y el crítico Dalí paranoico de Gala
el exterior del ábside hundido en la maleza de una iglesia románica
un vals de Stanley Kubrick en el mudo negror infinito y etéreo
un bastidor desnudo que Tàpies no pintó y colgó en un museo
los sueños los presagios las palabras oscuras que pronuncia el augur
lo que no se nos muestra lo que sigue en el cofre lo que no debe sernos desvelado
para que no se imponga la verdad mentirosa
te imagino sin rostro.


Pintura bastidor
Antoni Tàpies, 1962

jueves, 3 de septiembre de 2015

La bañera

Quien tiene el alma limpia desconoce el rencor y el desaliento, comprende que los designios de la vida son azarosos y que una persona sólo puede ser responsable de su dignidad, empeñar su inteligencia o sus fuerzas sin más pretensión que dejar el recuerdo de un buen nombre. Poco importan los planes, las ensoñaciones, la ambición o los trabajos. Hay quien forjó su dicha en el infortunio, y quien sufrió un trágico destino sin hacer nada para merecerlo. Nadie es culpable de nada, nadie debe ser censurado por estar vivo, ni alabado por un éxito o un fracaso que, las más de las veces, sólo dependen de circunstancias ajenas y conjunciones extrañas. Todos tienen derecho al miedo y al respeto.

En el verano del veintidós, muchos se maravillaron por la ocurrencia de sucesos que todavía hoy resultan inexplicables. Un hombre mató a sus vecinos porque el olor resultaba insoportable; los hospitales recibieron enfermos de una fiebre que oscurecía la piel y crecía el bello del rostro como el de un animal salvaje; bandadas de pájaros anidaron en los tejados y los árboles, y en sus chillidos se adivinaban palabras y sortilegios; el agua de los estanques se oscureció con insectos que se multiplican en las ciénagas y los remansos podres; hubo madres que abandonaron a sus hijos por el temor de un virus terrible al que no sabían dar nombre ni solución. Algunos interpretaron estos y otros casos como presagios de una catástrofe inminente, pero nada especial sucedió en los años posteriores que les diera la razón. Algunos se burlaron, y aumentó el número de los que hicieron fortunas fabulosas.

Supimos de un hombre bueno que aquel año conoció desgracias lamentables en su familia y sus allegados. Perdió a muchos por causas no comunes, y los demás le abandonaron sin que pueda sospecharse de pactos secretos o conjuras vergonzosas. Sabemos que anotó con cuidado el nombre de los pocos que le importaban, y que los visitó uno por uno para renovar su amistad y comprobar que estaban en paz; que recogió las habitaciones de su casa, ordenó sus armarios y sus libros, y dispuso con mimo flores naturales en los pasillos y las estanterías; que, al pie de la bañera colmada de agua, colocó con obsesiva simetría una silla en la que colgó sus ropas bien dobladas, y que se sumergió sin violencia en un baño tibio del que ya no salió con vida. Cuando lo encontraron, días después, aún su rostro conservaba la placidez del sueño tranquilo. 

Nadie sabe cuál será su reacción en el momento último. También se conoce a un hombre en las situaciones más terribles de la vida. Por eso, entre los condenados y quienes mueren en el frente, se encuentran casos de una inútil valentía o de una flaqueza lastimosa.

Todos tienen derecho al miedo y al respeto.



Jeremy Lipking
Bathtub in a Loire Valley castle

jueves, 25 de junio de 2015

El suicida tranquilo

El suicida se levanta y desayuna apenas sin muchas ganas. No quiere compañía, pero no la rechaza si alguien lo busca. No tiene ganas de comer, pero aprecia una buena comida, comprende que puede ser la última ocasión en que la pruebe. Ninguna preocupación es tan importante que no pueda terminar en el momento que lo desee. A diferencia de los demás, todo depende de él, todo está en su mano, él es el único responsable de que todo siga o se termine para siempre. Sabe que morir es sencillo, está decidido, y sólo es cuestión de elegir el momento. No sabe cuándo sucederá, podría ser ahora mismo, quizá mañana, quizá nunca, así que camina, conversa y observa tranquilamente como si todo fuera por primera y última vez.



domingo, 14 de junio de 2015

De todos los oficios el más pobre es la poesía

De todos los oficios el más pobre es la poesía
debe uno andar mendigando vistiéndose con los harapos de los versos
de todas las profesiones
la que menos alimenta es la poesía
cuándo comeremos
y tú me lo preguntas.


jueves, 14 de mayo de 2015

La fiera

Nadie está a salvo de sí mismo
sólo escuchamos lo que nos gusta
con palabras familiares componemos
canciones repetidas que no calman la fiera que al fin somos
el otro siempre es el otro el que se equivoca siempre
no importa nadie habla con nadie
y basta un argumento para empezar otra guerra.


Mi propio acuario
Bujar Zequiri